El candidato a la Municipalidad Provincial de Cajamarca plantea reducir la dotación de agua para la población, mientras cuestiona los reservorios y no explica cómo aumentará las fuentes, mejorará la infraestructura o solucionará el desabastecimiento.
Las recientes declaraciones de Edinson Terán revelan algo más grave que una simple desconexión con la realidad de Cajamarca: exponen un peligroso nivel de improvisación en un tema de supervivencia básica. El candidato de César Acuña propuso, en un debate, disminuir la cantidad de agua destinada a los ciudadanos.
En un despliegue de ilógica política que recuerda a las célebres frases de César Acuña —famoso por enredarse en tautologías y promesas que se contradicen a sí mismas en la misma oración—, Terán parece haber patentado un nuevo nivel de absurdo municipal: garantizar el agua, entregando menos agua. Así como Acuña lanza propuestas populistas sin sustento técnico ni presupuestal, Terán ofrece una quimera electoral mientras esconde debajo de la mesa la tijera del racionamiento.
Menos agua no es política pública, es racionamiento
Esta propuesta merece un rechazo y una aclaración inmediata. Reducir las fugas en la red matriz, evitar el desperdicio industrial y promover una cultura de consumo responsable es una obligación de cualquier gestión; pero disminuir la dotación de agua que reciben las familias es algo completamente diferente. Un aspirante a la alcaldía no puede presentar el racionamiento y el corte de servicios como si fueran una innovación en gestión hídrica.
Con esta propuesta, Terán no hace más que mostrar una indiferencia total con Cajamarca: ¿propone reducir la dotación por habitante, estrangular la presión de las tuberías, restringir los horarios a unas pocas horas al día o aplicar cortes programados por sectores? Ninguna de estas medidas aumenta la disponibilidad del recurso. Solamente distribuyen la miseria y la escasez existente entre la población, castigando al usuario por la incapacidad de sus autoridades.
Garantizar la seguridad hídrica exige, como mínimo, proteger las cabeceras de cuenca, aumentar la capacidad de almacenamiento, modernizar las plantas de tratamiento, renovar redes obsoletas y asegurar una distribución equitativa. Si Cajamarca enfrenta un déficit hídrico, la tarea del futuro alcalde es explicar cómo conseguirá más disponibilidad, no cómo administrará la sequía. Hasta el momento, el candidato no ha presentado metas, estudios hidrológicos, presupuestos, plazos ni un solo proyecto concreto que permita tomar en serio su candidatura.
Cuestionamientos al aire y sin evidencia
La orfandad técnica de Terán se agrava cuando cuestiona la construcción de reservorios sin identificar cuáles habrían fallado, qué capacidad tienen, cuánto costaron al erario público ni qué evaluaciones de ingeniería demostrarían su supuesta ineficiencia.
Los reservorios regionales (que según el Gobierno Regional superan los 13 mil) están diseñados principalmente para el riego y el sostenimiento agropecuario en épocas de estiaje. No reemplazan ni compiten con las plantas de tratamiento de agua potable urbano en la ciudad de Cajamarca. Si bien la versión oficial sobre su funcionamiento debe ser estrictamente fiscalizada para evitar elefantes blancos, descalificar estas infraestructuras sin presentar un solo papel de evidencia es una irresponsabilidad populista.
Es una amenaza a los cajamarquinos
El planteamiento de Edinson Terán sigue la ruta más mediocre de la administración pública: trasladar el costo del fracaso estatal a los ciudadanos. Como no hay capacidad para generar infraestructura, la «solución» es que las familias abran el caño y no salga nada.
Antes de amenazar con restricciones, un candidato serio a la Municipalidad Provincial de Cajamarca debería estructurar un plan real para recuperar fuentes, fiscalizar conexiones clandestinas y coordinar inversiones de gran envergadura. Cajamarca necesita eficiencia, pero sobre todo, inversión estructural. Un tema tan crítico para la salud pública y el desarrollo local no puede abordarse con «acuñismos» ni improvisaciones de campaña. La ciudadanía espera respuestas técnicas, no a un administrador de la escasez.
