En Cajamarca, un caso de extrema gravedad ha sacudido a la comunidad: una adolescente de apenas 16 años ha sido víctima de abuso sexual por parte de su padrastro desde que tenía apenas 11 años. Este patrón de violencia ha perdurado en el tiempo, dejando cicatrices físicas y emocionales en la víctima.
A lo largo de los años, la joven ha buscado ayuda, interponiendo denuncias en la Comisaría de Los Baños del Inca (7) y en La Encañada, pero hicieron caso omiso y el padrastro continuó abusando de la menor, dejando a la víctima en una situación de vulnerabilidad constante.
Además, la madre de la adolescente ha mostrado una preocupante complicidad al no proteger a su hija, e incluso al minimizar y justificar los abusos, lo que ha incrementado el sufrimiento de la víctima. La menor contó que su madre la insultaba y maltrataba.
A la fecha, la menor tiene tres hijos producto de las violaciones que ha sufrido desde los 11 años, uno de 5 años, otro de 4 y el tercero de 11 meses de edad. La menor declaró que sufrió los abusos desde que estaba en primaria, y eso le impidió continuar con sus estudios.
Lo peor es que Esther Chunque Sánchez (madre de la menor), apañó los abusos de Juan Zelada Salazar y la tuvo prácticamente secuestrada, pero la víctima logró escapar e ir a pedir ayuda a su tía, quien al ver que no tenía respuesta ni apoyo de la Policía Nacional del Perú, acudió a las rondas urbanas de Fernando Chuquilín.
Este caso no solo refleja la gravedad del abuso sexual infantil, sino también la falla del sistema en brindar protección y justicia. La comunidad y las autoridades deben asumir la responsabilidad de actuar con urgencia y garantizar que la justicia prevalezca, protegiendo a los menores y evitando que este tipo de tragedias se repitan.
