El fútbol peruano vuelve a verse manchado por prácticas que cruzan la línea de lo deportivo y se adentran peligrosamente en el terreno de lo criminal. En una reciente y explosiva entrevista para el programa «Hablemos de Max», el exfutbolista de FC Cajamarca, Arley Rodríguez, sacó a la luz pública el calvario que vivieron los jugadores del plantel a manos de la propia dirigencia del club.
Lo que en el papel se vendió a los profesionales como una institución con proyección, terminó siendo un entorno de hostigamiento insostenible. Rodríguez fue tajante al relatar cómo la directiva utilizó tácticas de amedrentamiento extremo para obligar a los futbolistas a rescindir sus contratos.
«FC Cajamarca pareció un proyecto serio y bonito… Ellos (los dirigentes) amenazaron a Almirón, Lagos y Míguez, les mandaban fotos de las familias, mandaban armas, cosas sin sentido y nosotros decíamos que es un club sin hinchada. Descubrimos que era mandado por la directiva» — Arley Rodríguez.
Una dirigencia que opera al margen de la ley
Las declaraciones de Rodríguez exigen un cuestionamiento severo e inmediato al comportamiento de los altos mandos de FC Cajamarca. ¿Qué clase de institución deportiva recurre a la extorsión y al terror psicológico para resolver un tema contractual? Enviar fotografías de las familias de los jugadores o imágenes de armamento no es una táctica de negociación; es un acto de cobardía y violencia que atenta contra la integridad humana de los deportistas.
Es imperativo condenar rotundamente a una cúpula dirigencial que confunde la gestión deportiva con prácticas propias del crimen organizado. Los jugadores no son propiedad de un club, son trabajadores profesionales amparados por leyes y estatutos que la directiva de FC Cajamarca parece haber decidido pisotear por completo.
Un club sin alma y sin hinchada
Durante la entrevista, el propio jugador tocó un punto clave que sirve como radiografía perfecta del fracaso de esta institución: «decíamos que es un club que no tiene hinchada«.
Y no es para menos. ¿Qué identidad puede generar un equipo cuya cabeza directiva carece de la más mínima ética profesional? El arraigo popular, el amor a la camiseta y la conexión con la ciudad se construyen con transparencia, esfuerzo y valores; elementos de los que esta dirigencia carece en su totalidad. Un club sin hinchas es un club sin alma, un cascarón vacío sostenido únicamente por los oscuros intereses de quienes lo administran. La indiferencia del público local hacia el FC Cajamarca es, en realidad, el castigo social más lógico frente a una gestión tóxica y reprochable.
Ante la gravedad de estas acusaciones públicas, las autoridades correspondientes —desde la Federación Peruana de Fútbol hasta la Agremiación de Futbolistas (SAFAP) y la justicia ordinaria— tienen la obligación de investigar a fondo estos hechos. El fútbol no puede seguir siendo un espacio donde los dirigentes se sientan intocables para operar con impunidad absoluta.
