En una evidente muestra de frustración, el exgobernador culpó a los peruanos de entregar «el puñal a su propio verdugo» al darle mayoría a partidos de derecha. Guevara vinculó los resultados electorales con «economías criminales», en un discurso que intenta ocultar su responsabilidad en la caída de Roberto Sánchez.
Las recientes declaraciones del exgobernador regional de Cajamarca, Mesías Guevara, han encendido las alarmas por su tono confrontacional y su preocupante desdén hacia la voluntad popular. Lejos de ensayar una autocrítica tras la contundente derrota de su aliado político, Roberto Sánchez —de la cual es considerado uno de los causantes—, Guevara ha optado por un discurso incendiario centrado en responsabilizar e invalidar la decisión de los votantes.
El análisis de sus palabras revela el perfil de un político dolido, que ha visto esfumarse su ambición de convertirse en el próximo Presidente del Consejo de Ministros (Premier), y que ahora dispara contra el electorado y la oposición para justificar su fracaso.
«El puñal y el verdugo»: el desprecio al votante
El punto más álgido y cuestionable de su alocución fue su intento de infantilizar y culpar a la ciudadanía por los recientes resultados electorales. En una frase cargada de dramatismo y superioridad moral, Guevara sentenció:
«Los peruanos le hemos entregado el puñal, el cuchillo a nuestro propio verdugo para que nos sigan cortando el cuello. Nos han cortado nuestros derechos, nuestros beneficios a nivel nacional».
Calificar el voto ciudadano como la entrega de un «puñal» demuestra una profunda intolerancia hacia las reglas básicas de la democracia. Guevara asume que el electorado se equivoca cuando no vota por sus aliados, negándose a aceptar que fue precisamente el desgaste de figuras como la suya lo que alejó a la población de la propuesta de Sánchez.
Acusaciones de «economías criminales» sin mirar su propio legado
El resentimiento de Guevara no se limitó a criticar a los votantes, sino que escaló a graves imputaciones contra las agrupaciones que lograron la mayoría relativa. El excandidato presidencial atacó directamente a Fuerza Popular y Renovación Popular, asegurando que son «partidos que han hecho mucho daño al país».
Sin embargo, el exgobernador fue un paso más allá al afirmar que estas fuerzas responden a un pensamiento «eminentemente conservador que responde a economías mercantilistas y también a economías criminales».
Lanzar este tipo de afirmaciones resulta, por decir lo menos, irónico e hipócrita viniendo de una autoridad que cerró su periodo en el Gobierno Regional de Cajamarca con una de las gestiones consideradas más ineficientes y pésimas de la historia reciente. Resulta contradictorio que Guevara se erija como el juez de la moralidad y la economía nacional, cuando durante su mandato demostró una alarmante incapacidad para gestionar los recursos públicos.
La excusa del «modelo» y la amnesia de la pobreza
Para cerrar su cuestionado discurso, Guevara intentó exculparse de cualquier responsabilidad política recurriendo a la vieja confiable de culpar al sistema:
«Eso es un grave error que hemos cometido los peruanos, pero eso ha sido adrede del modelo que nos han impuesto».
Hablar de «modelos impuestos» y rasgarse las vestiduras por el supuesto daño al país contrasta brutalmente con su propia desconexión de la realidad. Es imperativo recordar que este es el mismo Mesías Guevara que, gobernando una de las regiones con mayores índices de carencias y desnutrición infantil del país, tuvo la osadía de afirmar públicamente que «en Cajamarca no hay pobreza».
Las declaraciones de Guevara no son un análisis político serio; son el lamento de quien no soporta haber quedado fuera del poder. Cuestionar de manera tan virulenta la voluntad de los peruanos solo confirma por qué el electorado decidió darle la espalda a la fórmula que él, con su pesada mochila de ineficiencia, intentó impulsar.
